¿Sabías que el Reporte del Foro Económico Mundial sobre la brecha de género global de 2020 (Global Gender Gap Report 2020) indica que hacen falta 99.5 años para lograr la paridad de género? Mientras que se muestran avances sustanciales en educación y acceso a salud, la deuda permanente sigue siendo la paridad económica. Para que nos hagamos una idea, para lograr la paridad económica al ritmo que vamos, tardaremos nada más y nada menos que 257 años.
Hay muchos espacios que requieren un foco en temas de equidad de género, pero hay uno en particular que me llama la atención de forma permanente: La falta de mujeres en el ámbito privado. Según datos de ONU Mujeres, en los países donde más equidad hay, sólo una tercera parte de los puestos directivos son mujeres. Mientras que en nuestro país, sólo 7 puestos de 100 son ocupados por mujeres. ¿No lo crees? Fíjate en las fotos de páneles, reuniones, foros públicos…
Sin dejar de luchar otras batallas como la distribución de cuidados de personas dependientes, la violencia de género o la brecha salarial; trabajar por el acceso a más mujeres a puestos de poder, necesariamente ayudará de forma transversal a todas las demás causas de género. ¿Por qué? Porque a mayor poder, mayores herramientas. Porque el poder se autoperpetúa. Si el mismo tipo de persona sigue tomando las decisiones, los mecanismos seguirán siendo los mismos.
Pero… ¿cómo introducimos a nuevos perfiles a la inercia? Y claro, una vez que logramos que ingresen, ¿cómo sabemos que podrán avanzar?
Imagina que tus padres no te enseñaron a tomar correctamente los cubiertos o que no te enseñaron a taparte la boca cuando estornudas y de buenas a primeras te sientan en una cena de gala. ¿Cómo te sentirías? ¿Sabrías cómo actuar?
Pues algo así es como se siente ser mujer y llegar a las grandes ligas donde el 93% son hombres. Hay una serie de códigos que desconoces y lo que creías saber, resulta que no tienes ni idea.
Si sonríes, te ves demasiado accesible. Si no sonríes, resulta que estás muy seria. Si usas tacones, no podrás seguirle el paso a la mayoría de los hombres, pero si no los usas, das mala imagen. La realidad es que el techo de cristal tiene muchas más implicaciones en el día a día de lo que la teoría enuncia. Por eso, tenemos que hablar de ello porque hacer visible lo invisible es el primer paso para lograr romper las barreras.
Los roles de género no sólo perjudican, también gracias a ellos, las mujeres desarrollamos habilidades que los hombres potencian menos. La capacidad de observación es una de ellas. El nivel de detalle al que podemos llegar, si nos lo proponemos, es realmente sorprendente. La regla de oro dice: aprovecha las habilidades que más has fortalecido para desarrollar las que te faltan.
Hoy faltan casi cien años para lograr la paridad. Para que este periodo se reduzca, es necesario que haya cada vez más mujeres en los altos niveles de decisión. Para que esto suceda, es indispensable aprender a surfear las aguas del poder masculinizado. ¿Cómo? Observando, analizando e imitando hasta lograr desarrollar lo propio.



