Como seres sociales, básicamente todo lo que hacemos se rige por el lenguaje y no sólo me refiero al verbal. Las rosas rojas dicen tanto o más como un te quiero, la bandera blanca es clara expresión de paz y los brazos extendidos en V indican victoria. Pero entender cada lenguaje o código tiene su gracia y se debe entrenar mucho la capacidad de interpretación para lograr decodificar ciertos comportamientos.
El 93% de nuestra comunicación es no verbal. Gran parte del ligue, del enojo o de la camaradería se pueden ver a través de la mirada, de la altura de la barbilla o incluso en la colocación de nuestros pies. Lo mismo sucede con el poder.
Mientras más te acercas al eje gravitatorio del poder, mayor relevancia toma la capacidad de codificar y decodificar comunicaciones no verbales. En una cultura latina es mucho más marcado. Por eso es importante tener a la mano una pequeña guía que permita saber a qué prestar atención. Basta con dar el primer paso para dar impulso a la inercia. Van algunos.
La persona con más poder tenderá a sentarse a la cabecera o al centro de la mesa y lo más alejado a la puerta y, como fuerza de gravedad, el poder irá disminuyendo conforme se esté más alejado de la persona en cuestión.
Las demás personas se acercan a la persona poderosa, no al revés. Ubica quién permanece quieto o en línea recta a su destino, hacia la puerta o el elevador, por ejemplo, esa es la persona que concentra mayor poder en la sala; los demás se desplazarán y esperarán su turno de ser necesario.
Al hablar, se nota que hace constantemente uso de la voz. No importa de qué hable, espera ser el foco de atención y asumirá que lo que tiene que decir será de interés para el resto. Usa los silencios a su favor; en vez de incomodarse, sale fortalecido.
Jamás queda mal. Si se llega a equivocar puede esbozar una disculpa fugaz y ya sea que desvíe la atención o resarza el daño tan pronto tenga la oportunidad, no le dará demasiada importancia y usará otro recurso para evitar que los demás sí se la den.
Muestra interés en otros, aunque sea por apariencia. Se aprende nombres o algún detalle de cada quién. Su objetivo es establecer un vínculo con cada persona puesto que eso aumenta su poder ante los demás. Le hace ver humano y cercano y, sobre todo, alcanzable.
En la misma línea, a mayor nivel su actitud será más relajada pues hará un esfuerzo por hacer sentir a los demás que no es inaccesible. Pensemos en los jefes de Estados o en los CEO de grandes empresas. Si en un espacio determinado un hombre no lleva corbata o una mujer no lleva tacones y cumple simultáneamente con otros comportamientos aquí mencionados, fácilmente puedes estar ante el máximo puesto corporativo o bien un candidato(a) a elección pública.
Pero te dice tanto la actitud de la persona poderosa como de toda la gente que le rodea. ¿Sólo necesita hacer un pequeño gesto como levantar la mirada para que acudan a atenderle? ¿Recorren distancias de más de cinco o diez pasos para hablarle? ¿Se agachan si él o ella está sentada? ¿Le abren las puertas, acercan los objetos y cargan las pertenencias? Todos estos son indicios claros de que la persona en cuestión es el sol de ese sistema solar. Pero no olvidemos que siempre hay estrellas más grandes en el universo, así que el poder siempre es relativo.



